miércoles, noviembre 22, 2017

Besugos (seis) o de origen incierto


-No me apetece oírlo.
-Aquí estoy, pero no debí haber venido…
-Quizá sea mejor oírlo más tarde que ahora.
-Todavía es ahora; mañana es tarde.
-Aquí estoy, de tarde, pero ahora.
-Ahora, tardíamente, no me apetece decirlo.
-Ya no entiendo.
-Ni yo.

lunes, octubre 16, 2017

αἰών | aeon | invisibĭlis


-Aquella vez no entendí lo que vi: me cegó su belleza.
-Las mujeres hermosas son invisibles, pero, si las ves realmente, el eón te atrapa.

sábado, octubre 14, 2017

ruptūra | dividendus

-Ya llegó...
-¿Quién?
-Nuestra ruptura.
-¿Qué significa eso?
-Técnicamente, es un reajuste unilateral de dividendos amorosos entre tú y yo.

jueves, octubre 05, 2017

Lectio nocte


Me lees a escondidas -como ahora- y agazapas tus sentires puros frente a mis palabras... Pues sabes que es inevitable no amarlas en tu alma.

miércoles, octubre 04, 2017

σεισμός | seismós


Después de la euforia, quizá, sea un buen momento de levantar el puño y guardar silencio... Entre los escombros estamos y falta poco para rescatarnos: estemos atentos a los susurros. El encuentro aguarda nervioso. Aún tenemos vida y deseo por fundirnos en ese abrazo sempiterno y amoroso.

martes, septiembre 26, 2017

Pulchritudinem tuam

Sonríele y deja germinar la palabra que brota cuando la miras diario. No detengas su gestación. Pronto sabrás que es imposible no quererle.

jueves, marzo 02, 2017

Qahwah Tlacotl 1.0

Javier tiene la intrépida y turbulenta habilidad para hacer preguntas sísmicas -obvio, por Telegram-. Hace más de un mes, él me hizo una de las preguntas que más he tardado en responder: ¿cuáles son tus diez canciones favoritas de Café Tacvba (#CT)? ¡Sismo! ¡Vaya pedazo de pregunta! Me (#RE)tumbó.

Desde entonces, la pregunta no me ha abandonado; por el contrario, la interrogante me ha obligado a sumergirme -día tras día- deliciosa e incisivamente en el mar discográfico de los tacubos. Llevo varias semanas escuchando meticulosamente cada uno de los discos. El resultado ha sido casi nulo: parece imposible encontrar ese canon. En primera instancia, todas las canciones resultan imprescindibles.

¿Por qué he tardado tanto en contestar? Porque en las noches por ese camino algo extraño puede pasar, porque tú sientes cómo te oprimen esos sentimientos, porque yo le di mi amor en un concierto del Atóxico, porque en la noche me voy a ahogar debajo del mar con grandes fantasmas, porque no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti, porque esa noche la encontré vendiendo su amor, porque otra vez estoy pensando en ti...

Elegir solamente un racimo de canciones a partir de un cúmulo discográfico tan rico como el de #CT es una tarea titánica. La suculenta heterodoxia musical de #CT hace que la construcción del diezmo melódico sea -aparentemente- inasequible. Sin embargo, he pensado que hay un camino viable…

Para construir ese codiciado listado, como primer paso, lo más conveniente será -quizá- purgar, disco por disco, una tercera parte de las canciones. Con ello, obtendré -al menos- de los 9 discos un total de 48 canciones. A partir del primer recorte se podrá hacer un segundo al 30%: persistirán, entonces, 15 canciones. Por último, a esta quincena semifinalista se le menguará un quinteto de canciones. De esta manera, sólo quedará la anhelada lista de 10 canciones.

Ahora sí… Una vez establecido el proceso de selección es momento de empezar con la tarea. El viaje contempla cuatro lustros de discos: Café Tacvba (1992), Re (1994), Café Tacvba MTV Unplugged (1996), Avalancha de éxitos (1996), Tiempo transcurrido (2001), Cuatro caminos (2003), Un viaje (2005), SINO (2007), El objeto antes llamado disco (2012). Obviamente, hay que dar comienzo con la primera estación: Café Tacvba (1992).

martes, diciembre 27, 2011

Scribĕre et legĕre

Escribo -y, quizá, leo- para cometer el delito de recordar que sigues a mi lado en esa constelación lingüística que aún no he borrado.

sábado, enero 31, 2009

La Crisis en la Bolsa de Valores

(Foto de Gilmar Ayala)

Jordi no podía dormir a pesar del lapidario cansancio y la depresión asfixiante que sufría por la mala suerte. Cuatro meses y treinta días de caos no eran suficientes para que sus ojos se cerraran delicada y dulcemente. Aquella noche la situación se repetiría: J y el insomnio de la mano. Las luces radiantes –casi solares– de los vecinos plagaban la habitación del nostálgico y depresivo joven de 25 años. Sencillamente la luz por la noche le producía asco, náusea y un sonido metálico(permanente)incesante -casi ácido- y chillante en los oídos. Por dentro –y a manera de rezo– suplicaba e imploraba que apagarán las luces... Como era de esperarse, su dios estaba de vacaciones. Sencillamente la noche empató con el amanecer y las obscenas luces nunca desaparecieron. De mañana, cuando el día comenzaba a entibiar, Mercé, sin pedir permiso, entró al cuarto y prendió las luces –casi de neón–. Ella lucía espectacular y despampanante. Un metro setenta y cinco centímetros de gallardía y altivez envueltos en un delicado, elegante y muy breve babydoll negro. Caminó decisiva hacia la cama de J. Se sentó en la orilla: la Tierra se cimbró. J percibió el calor y el humor tan exquisito de M. Se quedó impávido y comenzó a sentir cómo se erguía sólidamente en el centro de la cadera. Ella no se inmutó ante la sorpresa de él ni ante su rigidez. Abrió el buró. Sacó un condón. Giró hacia a J con el preservativo en la mano. Los rostros quedaron separados a menos de cuatro dedos. Ella fijó la mirada en los dos pantanos que J tenía por ojos.

M: ¿Sabes? Ayer durante toda la noche me acordé de ti…
J: ¿Sí?
M: Sí, sí, sí, muchísimo. No podía dormir. Estaba tan asquerosamente deprimida que me dieron náuseas. Estuve a nada de que me explotaran hasta los oídos. Pero, bueno, no estás para escuchar mis penas ni yo para contarlas. Traes una cara de acidez espantosa. Te dejo. Como verás… Mi novio espera. Ha sido una maravilla que me lo hayas presentado. Estos casi cinco meses han sido como estar en un profundo, increíble y placentero sueño… Después te devuelvo el condón. ¡Bai-Bai!
J: Oye… oye… Apaga las luces. ¡Apaga las luces!

domingo, marzo 23, 2008

Besugos (Cinco) o Laurel de Mar

(Foto de Eduardo "Edo" G. Tamayo)

Ella, antes de salir de casa, con nostalgia miró/acarició/olió/sonrió -todo al mismo tiempo- el fragante laurel de la mesita que estaba acompañado por el inmenso cuadro del Mar Mediterráneo que ornamentaban la entrada/salida principal de casa. Aquel momento -siempre- le quitaba a la memoria preciadas neuronas de corto plazo. Ella, aunque lo sabía, se dejaba llevar por ese encantador instante de placer y pérdida. El precio que debía pagar era poco comparado con la cálida/trémula/sublime delicia que recorría sobre su cuello y pecho agitado cada vez que le venía el recuerdo de aquellas manos, de aquellas palabras, de aquella fuerza, de aquel empuje, de aquellos humores, de aquellas respiraciones entrecortadas, de aquel ayer. Olvidar el paraguas/el lápiz labial/el libro del momento/la dirección/la botella con agua no significaba nada frente a lo que experimentaba ante el laurel y el mar...

Salió a la calle. Barcelona estaba húmeda. La ciudad comenzó a abrazarla. Entonces Ella -también- empezó a humedecerse. Llegó mojada a la estación (M) Poble Nou. Justo cuando cruzó la entrada, el esperpéntico sonido encapsulado del metal en fricción subió por el pasillo anunciando la llegada del metro. Ella apresuró el paso y bajó rápidamente las escaleras hacia el andén. No quería perder el subterráneo. Las puertas se cerraron ajustadamente tras abordar el vagón vacío. Tomó asiento y se acomodó. Mientras se desabrochaba la gabardina con una mano, la otra buscaba el lápiz labial en una de las bolsas: lo había olvidado. Cerró sus ojos y soltó una sonrisa coqueta. Al abrir lentamente sus ojos, observó que frente a Ella estaba el Mar.

Él no dejó de mirarla. Como un gesto involuntario, se llevó la mano derecha al mentón. Él, con una leve exhalación seguida de una sonrisa, asintió con seguridad. Hubo un par de suspiros al unísono. Ella disfrutaba del oleaje del vagón, mientras Él, con la mirada, la recogía mar adentro. Ella y Él fueron cómplices de la marea durante un par de minutos hasta que Él se acercó lenta y discretamente a Ella...

Él: Sabes... Hace trece años, con un laurel en la mano, me rompiste el corazón...

Ella: Pero, pero... Fue sin querer, tan sin querer que yo también me lo rompí y me ahogué en ese porfundo mar...