jueves, marzo 02, 2017

Qahwah Tlacotl 1.0

Javier tiene la intrépida y turbulenta habilidad para hacer preguntas sísmicas -obvio, por Telegram-. Hace más de un mes, él me hizo una de las preguntas que más he tardado en responder: ¿cuáles son tus diez canciones favoritas de Café Tacvba (#CT)? ¡Sismo! ¡Vaya pedazo de pregunta! Me (#RE)tumbó.

Desde entonces, la pregunta no me ha abandonado; por el contrario, la interrogante me ha obligado a sumergirme -día tras día- deliciosa e incisivamente en el mar discográfico de los tacubos. Llevo varias semanas escuchando meticulosamente cada uno de los discos. El resultado ha sido casi nulo: parece imposible encontrar ese canon. En primera instancia, todas las canciones resultan imprescindibles.

¿Por qué he tardado tanto en contestar? Porque en las noches por ese camino algo extraño puede pasar, porque tú sientes cómo te oprimen esos sentimientos, porque yo le di mi amor en un concierto del Atóxico, porque en la noche me voy a ahogar debajo del mar con grandes fantasmas, porque no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti, porque esa noche la encontré vendiendo su amor, porque otra vez estoy pensando en ti...

Elegir solamente un racimo de canciones a partir de un cúmulo discográfico tan rico como el de #CT es una tarea titánica. La suculenta heterodoxia musical de #CT hace que la construcción del diezmo melódico sea -aparentemente- inasequible. Sin embargo, he pensado que hay un camino viable…

Para construir ese codiciado listado, como primer paso, lo más conveniente será -quizá- purgar, disco por disco, una tercera parte de las canciones. Con ello, obtendré -al menos- de los 9 discos un total de 48 canciones. A partir del primer recorte se podrá hacer un segundo al 30%: persistirán, entonces, 15 canciones. Por último, a esta quincena semifinalista se le menguará un quinteto de canciones. De esta manera, sólo quedará la anhelada lista de 10 canciones.

Ahora sí… Una vez establecido el proceso de selección es momento de empezar con la tarea. El viaje contempla cuatro lustros de discos: Café Tacvba (1992), Re (1994), Café Tacvba MTV Unplugged (1996), Avalancha de éxitos (1996), Tiempo transcurrido (2001), Cuatro caminos (2003), Un viaje (2005), SINO (2007), El objeto antes llamado disco (2012). Obviamente, hay que dar comienzo con la primera estación: Café Tacvba (1992).

martes, diciembre 27, 2011

Scribĕre et legĕre

Escribo -y, quizá, leo- para cometer el delito de recordar que sigues a mi lado en esa constelación lingüística que aún no he borrado.

sábado, enero 31, 2009

La Crisis en la Bolsa de Valores

(Foto de Gilmar Ayala)

Jordi no podía dormir a pesar del lapidario cansancio y la depresión asfixiante que sufría por la mala suerte. Cuatro meses y treinta días de caos no eran suficientes para que sus ojos se cerraran delicada y dulcemente. Aquella noche la situación se repetiría: J y el insomnio de la mano. Las luces radiantes –casi solares– de los vecinos plagaban la habitación del nostálgico y depresivo joven de 25 años. Sencillamente la luz por la noche le producía asco, náusea y un sonido metálico(permanente)incesante -casi ácido- y chillante en los oídos. Por dentro –y a manera de rezo– suplicaba e imploraba que apagarán las luces... Como era de esperarse, su dios estaba de vacaciones. Sencillamente la noche empató con el amanecer y las obscenas luces nunca desaparecieron. De mañana, cuando el día comenzaba a entibiar, Mercé, sin pedir permiso, entró al cuarto y prendió las luces –casi de neón–. Ella lucía espectacular y despampanante. Un metro setenta y cinco centímetros de gallardía y altivez envueltos en un delicado, elegante y muy breve babydoll negro. Caminó decisiva hacia la cama de J. Se sentó en la orilla: la Tierra se cimbró. J percibió el calor y el humor tan exquisito de M. Se quedó impávido y comenzó a sentir cómo se erguía sólidamente en el centro de la cadera. Ella no se inmutó ante la sorpresa de él ni ante su rigidez. Abrió el buró. Sacó un condón. Giró hacia a J con el preservativo en la mano. Los rostros quedaron separados a menos de cuatro dedos. Ella fijó la mirada en los dos pantanos que J tenía por ojos.

M: ¿Sabes? Ayer durante toda la noche me acordé de ti…
J: ¿Sí?
M: Sí, sí, sí, muchísimo. No podía dormir. Estaba tan asquerosamente deprimida que me dieron náuseas. Estuve a nada de que me explotaran hasta los oídos. Pero, bueno, no estás para escuchar mis penas ni yo para contarlas. Traes una cara de acidez espantosa. Te dejo. Como verás… Mi novio espera. Ha sido una maravilla que me lo hayas presentado. Estos casi cinco meses han sido como estar en un profundo, increíble y placentero sueño… Después te devuelvo el condón. ¡Bai-Bai!
J: Oye… oye… Apaga las luces. ¡Apaga las luces!

domingo, marzo 23, 2008

Besugos (Cinco) o Laurel de Mar

(Foto de Eduardo "Edo" G. Tamayo)

Ella, antes de salir de casa, con nostalgia miró/acarició/olió/sonrió -todo al mismo tiempo- el fragante laurel de la mesita que estaba acompañado por el inmenso cuadro del Mar Mediterráneo que ornamentaban la entrada/salida principal de casa. Aquel momento -siempre- le quitaba a la memoria preciadas neuronas de corto plazo. Ella, aunque lo sabía, se dejaba llevar por ese encantador instante de placer y pérdida. El precio que debía pagar era poco comparado con la cálida/trémula/sublime delicia que recorría sobre su cuello y pecho agitado cada vez que le venía el recuerdo de aquellas manos, de aquellas palabras, de aquella fuerza, de aquel empuje, de aquellos humores, de aquellas respiraciones entrecortadas, de aquel ayer. Olvidar el paraguas/el lápiz labial/el libro del momento/la dirección/la botella con agua no significaba nada frente a lo que experimentaba ante el laurel y el mar...

Salió a la calle. Barcelona estaba húmeda. La ciudad comenzó a abrazarla. Entonces Ella -también- empezó a humedecerse. Llegó mojada a la estación (M) Poble Nou. Justo cuando cruzó la entrada, el esperpéntico sonido encapsulado del metal en fricción subió por el pasillo anunciando la llegada del metro. Ella apresuró el paso y bajó rápidamente las escaleras hacia el andén. No quería perder el subterráneo. Las puertas se cerraron ajustadamente tras abordar el vagón vacío. Tomó asiento y se acomodó. Mientras se desabrochaba la gabardina con una mano, la otra buscaba el lápiz labial en una de las bolsas: lo había olvidado. Cerró sus ojos y soltó una sonrisa coqueta. Al abrir lentamente sus ojos, observó que frente a Ella estaba el Mar.

Él no dejó de mirarla. Como un gesto involuntario, se llevó la mano derecha al mentón. Él, con una leve exhalación seguida de una sonrisa, asintió con seguridad. Hubo un par de suspiros al unísono. Ella disfrutaba del oleaje del vagón, mientras Él, con la mirada, la recogía mar adentro. Ella y Él fueron cómplices de la marea durante un par de minutos hasta que Él se acercó lenta y discretamente a Ella...

Él: Sabes... Hace trece años, con un laurel en la mano, me rompiste el corazón...

Ella: Pero, pero... Fue sin querer, tan sin querer que yo también me lo rompí y me ahogué en ese porfundo mar...

lunes, mayo 07, 2007

ἀνώνυμος (Sin nombre I)

(Foto de Eduardo "Edo" G. Tamayo)

Un efecto esencial de la elegancia es ocultar sus medios.
Honoré de Balzac

Hace más de un mes y medio (para ser exacto el domingo 4 de marzo de 2007) publiqué en este blog un post con el título Extancāre. Como es habitual en cada publicación, hubo varios comentarios y, por consiguiente, los contesté todos con el agrado y gusto de siempre. No obstante, esta ocasión no fue tan cotidiana ni tan normal como otras veces. Un comentario anónimo generó un diálogo bastante interesante, el cual he decidido compartir íntegra y literalmente a manera de homenaje para todos aquellos que han dejado un comentario (con o sin nombre). Espero disfruten leyendo el diálogo tanto como yo al escribirlo.
Anónimo dijo...
La ciudad de México con toda esa movilidad y esa locura que la caracteriza y la llena de vida... Nunca duerme, vive tanto de noche como de día. Verla de lejos, desde cualquier perspectiva, representa añorarla. Quejas y malestares cuando se vive ahí, sin embargo, innegables son su riqueza y valor. Pienso en lo que escribió Kundera, cuando recuerdo los caminos, los lugares y las personas que llenaron mi corazón y me acompañan a pesar de ya no estar cerca de mí: "La nostalgia es el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar"
25 de marzo de 2007 11:48 AM
Gilmar Ayala dijo...
Bien, si la nostalgia es un sufrimiento, entonces, hay que combatirla con una frase del mismo Kundera: "Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado." Seamos dueños del futuro para que la nostalgia por el pasado se pueda cambiar. Y ya entrados en citas de Kundera, hay una que me divierte mucho: "Las mujeres no buscan hombres hermosos. Las mujeres buscan hombres que han tenido mujeres hermosas. Por eso, tener una amante fea, es un error fatal." ¿Será cierto? Habría que comprobarlo. Jejeje, ¿Anónimo?
25 de marzo de 2007 07:35 PM
Anónimo dijo...
Pienso que mas alla de la belleza estetica (del pasado o el presente...porque al final es la misma y es efimera) una mujer busca un hombre con las cualidades intelectuales suficientes para sentirse protegida. ¿Fuerza o sabiduría?.... La sabiduría es mas fuerte que la misma fuerza (valga la redundancia)... Este no fue un pensador checo como Kundera, sin embargo en su tiempo tambien nacio en lo que era Europa del Este, para ser exactos en Moravia y mencionaba: "Powerful though the feelings and the self-interest of men may be, yet intellect is a power too" (.....,1910) Aunque tambien el intelecto es un riesgo, como nos decia Goethe....verdad?
10 de abril de 2007 11:14 AM

Gilmar Ayala
dijo...
Es cierto, Freud decía: Powerful though men's emotions and self-interest may be, yet intellect is a power too. Y, también, es muy cierto que el intelecto puede ser un riesgo, sin embargo hay detalles en la vida que hay que probar y experimentar; evidentemente, el intelecto es un placer que no podemos despreciar, hay que correr el riesgo y vivir a pleno. Ya lo dice muy bien Goethe: No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer.

Por supuesto, una mujer busca un hombre completo con una sapiencia fortalecida para que ésta pueda sentirse protegida, lo que por otro lado esto no significa que dicho hombre esté del todo presente. Tal vez, así le sucedió a Marlene Dietrich con el gran poeta y escritor Ernest Hemingway, que durante muchos años (1934 a 1961), ellos mantuvieron una relación a distancia y una correspondencia muy apasionada: ella estaba protegida por las letras de él; él estaba cobijado por la belleza y por el amor de ella. Una intimidad casi perfecta. Entre sus cartas hay dos frases que me fascinan: la primera, Sigue enojada todo lo que quieras. Pero detente en algún momento, hija, porque sólo hay una como tú en el mundo, y nunca jamás habrá otra, y me siento muy solo en este mundo cuando tú te enojas conmigo; la segunda, Marlene, tú sabes muy bien que yo te amo. Fuiste tú la que tomaste la decisión en ese barco (...) No yo. Probablemente, este gran detalle en la vida de Ernest Hemingway hizo que llegara tan lejos en el ámbito de las letras. Una vez más, citamos a Goethe: Un hombre de noble corazón irá muy lejos, guiado por la palabra gentil de una mujer.
11 de abril de 2007 07:57 AM
Anónimo dijo...
Empezando sin citas.... Siempre lo admiró por su sabiduría y el manejo de sus letras...Éstas la ayudaban a entender, pero también a volar....Ella tomó en su alma, se llevó, más allá de sólo una memoria, el recuerdo de sus últimas palabras y el gran resguardo que él le brindó. Nunca lo olvidó... Pero él supo del juego de palabras...¿Juego o falta de éstas? También en la falta hay un juego...(y la insatisfacción si le preguntaran a Lacan). ¿Qué pasa con la distancia unida a la falta de palabras? Ella se preguntó sin encontrar respuestas... ...Concluyendo con algo sencillo, un simple parafraseo, pues falto de la memoria de la que tu gozas: "Y después de visitar tantos planetas (experincias, distancia y más sabiduría) esa flor también siempre fue única en el mundo para el Principito"
11 de abril de 2007 11:53 PM
Gilmar Ayala dijo...
¿Qué pasa con la distancia unida a la falta de palabras?, me preguntaste...

"He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos".

El Principito
Antoine de Saint-Exupéry

18 de junio de 2007 07:16 PM

martes, abril 10, 2007

Besugos (Cuatro) o Coriandrum


Para Pablo J. Ruiz Abrín

Contaré la anécdota tal cual, es decir, de la misma forma como me la han narrado hoy por la tarde.

Dicen, cuentan, relatan que un famoso y reconocidísimo escritor español, el Sr. "X", se quedó profunda y placenteramente dormido en pleno estrado mientras otro escritor y amigo, el Sr. "Y", igualmente reconocido impartía una magistral e importantísima conferencia. Ante tal detalle, todos en el auditorio se quedaron perplejos y completamente asombrados. No podían creer que semejante hombre de letras, se hubiera quedado dormido durante la ponencia de unos de sus mejores amigos y sobre todo de uno de los escritores más importantes de ese entonces. Al terminar la conferencia, los aplausos se hicieron notar y ante tal ruido era obvio que "X" se tuvo que despertar, aunque hay que destacar que lo hizo disimuladamente. Sin embargo, ante lo evidente, siempre es muy difícil de escapar, así que nunca falta el desgraciado que quiere poner en evidencia el infortunio y así fue. Un singular estudiante, el joven "Z", levantó la mano y buscó que le otorgaran el micrófono para preguntar algo al estrado donde se encontraban "X" y "Y". El micrófono llegó rápido y la pregunta mucho más...

"Z": Disculpe la breve observación que voy a hacerle a usted, Sr. "X", pero es inevitable que la haga. Usted estaba dormido mientras el Sr. "Y" exponía, ¿no le dio vergüenza?

"X": Momentito... Para empezar yo no "estaba dormido", sino "estaba durmiendo" que es totalmente diferente...

"Z": Y, bueno... ¿Cuál es la diferencia?

"X": Se le nota la inocencia hasta en la pregunta, pero aún así se la voy a poner muy fácil joven y triste puberto. No es lo mismo decir estaba jodido que estaba jodiendo, así de sencillito...

El auditorio simplemente se puso de pie y aplaudió los siguientes 15 minutos, sí, así es, los siguientes 15 minutos.

Un breve cambio puede hacer una gran diferencia. En la foto que precede al texto y anécdota, se puede apreciar que la etiqueta de este curioso producto dice Culantro en pasta que evidentemente no es lo mismo que Cilantro en pasta como afirma el tendero de la esquina de casa, sin embargo, insiste que es lo mismo... Yo le dije: No, que no es lo mismo una embarrada de culantro en pasta que una de cilantro en pasta, así de sencillito...

Para más besugos, consulte: Besugos (Uno), Besugos (Dos), Besugos (Tres).

domingo, marzo 04, 2007

Extancāre


Para Carlos A. Calderón Ledezma
Ciudad de México. Al sur y al poniente de la ciudad: no tan -tan- al sur ni tan -tan- al poniente. Casi Insurgentes. Casi Barranca del Muerto. Casi Río Mixcoac. Casi Mediodía. Lunes casi al mediodía. Sin nubes. Sol a plomo. Plomo en el aire. Una aero-lámina-metálica de azufre y monóxido de carbono sobre la ciudad. El humo y los escapes parloteaban a destajo. El cofre de la camioneta era una sárten deseosa de freír un huevo. El motor era un caldera y de él humeaba un olor a aceite tostado, rancio y quemado. El calor comenzaba a ser cercano al primer círculo infernal. Las filas interminables de automóviles hacían que el destino de dos hermanos se encontrara a años luz o mejor dicho a horas-sudor, horas-nalga u horas-sauna...
El padrino, cansado y harto de esperar al volante, apagó la camioneta. Abrió la puerta y, antes de poner un pie en el asfalto, dijo: "O escribes o matas de una vez por todas ese blog, cabrón".
El xinet se quedó sin palabras. El padrino caminó por detrás de la camioneta. Por el espejo lateral, El xinet vio que se acercaba hacia su puerta. El padrino, ni tardo ni perezoso, tomó la manija y abrió con fuerza la puerta.
El padrino: Bájate ya, cabrón, que te vas a rostizar como pollo o te bajo de un madrazo. ¿Entendiste? O te lo digo al oído, papá.
Ante tan amable y cándida invitación, El xinet aceptó hacerlo: descendió de la camioneta. Ya en la pista asfáltica, El padrino, con sudor en la frente y un poco en la nariz, lo miró a los ojos y le preguntó...
El padrino: ¿Por qué no escribes? ¿Ya no te gusta o qué pedo? Mira que no lo hacías tan mal, cabrón, y ya para que te lo confiese...
El xinet: Sí, hermano, sí, sabes bien que me fascina escribir. ¡Me encanta hacerlo! Y, claro que he seguido escribiendo, de hecho creo que más de lo normal, de hecho más de lo normal.
El padrino: Pero, ¿por qué en el blog nada de nada?
El xinet: Pues, creo que se me estancó, como este puto tráfico... Así nomás, como cuando un día cualquiera vas por la calle y... ¡Madres! Te tropiezas con el maldio tráfico y ni para tras ni para adelante. Hay que tener cuidado con los tropiezos, porque hacen que uno pierda la costumbre. Y si uno se desacostumbra, se vuelve uno medio animal, animal y medio, ya sabes, es cuando el destino se encapricha y el destino toma otro pinche rumbo, se animaliza el destino y...
El padrino: ...y ya vas a empezar con tus jueguitos de palabras y tus lavados de cerebro. Bueno, pues, allá tú, lo que no se escribe, se olvida, se pierde, bueno, mejor dicho, la mente lo almacena muy maliciosamente y mira que sé de lo que hablo, la mente te juega chueco y cuando menos te das cuenta las palabras, que estaban destinadas a plasmarse, comienzan a hacer remolinos que quitan el sueño, se transforman en caracoles en vela que avivan el insomnio y que de un día para otro te hacen traer unas ojeras de aquellas. Nada más veme cómo traigo bolsas o casi sacos debajo de mis ojos. Hermano, escribir nos ayuda a poner en orden lo que pensamos a deshoras, en horas muertas, en las horas vivas, en los silencios incómodos, entre diálogos de películas, entre los anuncios de la televisión, entre tantos méndigos momentos...
El xinet: Sí, lo sé, lo sé. Tienes razón, tienes razón...
El padrino: ¡Claro que tengo razón! Siempre he tenido razón cuando opino sobre los demás. ¡Qué te quede bien clarito, papá! Pero, mira, Xinet, no me bajé para sermonearte ni para hacer gala de mis buenas opiniones y consejos, sino para decirte que mejor me acompañes aquí cerca por una pinche agua de jamaica a la nevería La Michoacana, porque este pinche calor me trae vuelto loco. Y de paso, si quieres, te invito una nieve de limón... Digo, si quieres, eh...
El xinet: Para bajar la calentura, no hay nada como algo bien frío, ¿no?
El padrino: Sin chistecitos, por favor. ¿Está claro?
El xinet: Está bien, güei, pero, no podemos dejar la camioneta aquí no más, en medio del pinche tráfico, y ¿si avanzan?, ¿si viene al policía?, ¿si...?
El padrino: Si qué... Ven, cabrón. ¡Cálmate y camínale! Que no quiero que me arruines el antojo de mi agüita de jamaica. Además creo que en definitiva todavía no has abierto los ojos, hermano. ¡Abre los ojos! ¡Despierta! Nada de lo que está sucediendo aquí cuadra. Nada tiene pies ni cabeza, no hace sentido lo que está sucediendo... Como primer detalle y para empezar, hoy es lunes casi al mediodía, ¿no deberíamos estar trabajando?; segundo, yo no manejo, qué carajos hago entonces con una camioneta; tercero, llevas ya varios meses viviendo en otro país, por ende, ¿qué haces aquí en la Ciudad de México?; cuarto, a mí no me gusta el agua de jamaica... Hermano, nada es lo que parece...
El xinet: Sí, sí, tienes razón, tienes razón, nada es lo que parece...
El padrino: Así es, hermano, nada es lo que parece, nada es lo que parece... ¡Despierta!
El xinet: Está bien, está bien, pero antes vamos por tu agüita de jamaica y por mi nieve de limón, que quiero despertar con un sabor dulce en la boca...

martes, marzo 28, 2006

Mingĕre


La voz popular mexicana dice que «un mexicano nunca mea solo» [orina para todos aquellos que tienen oídos santos]. Este casi-proverbio mexicano no parece afectar la imagen sólida del macho mexicano; al contrario, en muchos de los casos, puede ser hasta solidario y, enteramente, fraternal. Pero, qué pasa si te encuentras en un antrillo y, a su vez, has bebido -al menos- 5 chelas [cervezas]. Obviamente, con tal carga vejigochelérica, te dan ganas de liberar los líquidos etílicos que has consumido en santa paz durante toda la tarde-noche. Además, las ansias y el deseo por contarle a tu bróder que la mujer que está sentada frente a ti no ha parado de tirarte-el-can desde que llegaron al lugar. ¿Cómo se te ha insinuado? Pues, abriéndose el escote cada vez que volteas y cruzando las piernas -puntualmente- cada 7 minutos. Él -obviamente- como buen caballero y guerrero de mil batallas acude a tu gentil llamado y te acompaña: mearán [orinarán] juntos. Sin embargo, la fraternidad se detiene de tajo en el preciso instante en que cruzan el umbral del "tocador de caballeros", un sinfín de tabúes se aconglomerarán en sus pervertidas mentes... Las frases efusivo-etílicas se quedaron arrumbadas entre los cascos de chelas, colillas de cigarro y botana rancia: olvidada está eres-un-chingón; abandonada, te-quiero-un-madral, bróder; desdeñada, no-hay-pex-sal-con-mi-hermana-caón; postergada, siempre-bróders... Al cruzar la puerta del baño, siguen siendo carnales, pero, ahora sí, adjuntándole 2 excepciones a la máxima mexicana de «un mexicano nunca mea solo».
Un mexicano nunca mea solo...
  1. Siempre y cuando estén separados, al menos, por un metro o un mingitorio.
  2. Siempre y cuando su amigo no lo mire por debajo de los hombros mientras mea.

sábado, marzo 25, 2006

Versūra


Noche de lunes. Antes de dormir y para embrutecerme un rato, enciendo el televisor. Mala suerte: un noticiario. Primera nota: un candidato, yo ya me lavé las manos, las tengo relimpias, ya puedo entrarle al pastel... Segunda nota: otro candidato, me están molestando esas chachalacas, me ven como el malo y el feo, así no se puede trabajar... Tercera -y última- nota: otro candidato, me dan quince o veinte minutitos para debatir, ándenle, vamos a debatir... En tan sólo 25 minutos, la vorágine de la propaganda-basura-electorera carcomió inevitablemente mis neuronas: apagué -obviamente- la caja-idiota. Creo que de nada seviría, pues veo que no funcionan, poner dos letreros junto a mi antena de televisión que digan: "se prohibe tirar basura y cascajo electoral las personas sor prendidas seran consignadas" y "se prohibe tirar la basura electoral aqui la persona que sea sorprendida se multara". Por supuesto, tomé como ejemplo los ilustres y sapientísimos -sin comentar lo bien redactados- anuncios de la fotografía que encabeza este post.
Por cierto... ¿Han visto de casualidad a personas "sor prendidas"?

martes, septiembre 06, 2005

Hospitālis


Ya soy un completo fanático de los anuncios que -cual tendero- pululan y cuelgan campaneramente por toda la pejesuidá. Hay un mar de propaganda que, a pesar de ser pura contaminación visual, tiene el sello de esbozarte una sonrisa o matarte de una risa-loca; pero, desgraciadamente, hay otra que da pena ajena. Indudablemente, el mundo posmoderno goza, al menos en muchos aspectos y en muchos países, de completa libertad para utilizar imágenes, palabras, discursos, videos y cuanta porquería se le atraviese...
Hoy, como se puede apreciar en la foto de este post, me encontré con una pancarta que no sólo me sorprendió por los errores evidentes de acentuación y por la estructura gráfica, sino que logró cautivar mi atención. En sí, el título de Hospital para todo tipo de celulares no presenta más que dos sonrisas, una pequeña risa disimulada y un leve destello de creatividad -que, seguramente, representa el orgullo de la tienda. Sin embargo, tanto para el rotulador como para el dueño del "hospital", lo teológico no sólo alcanza el nivel humano, sino el tecnológico también. Es decir, si el celular anda fallando y trae un problema con su pantalla -la visión falla-, lo mejor es llevarlo al "hospital" con un oculocelulorista... Porque, en caso de no llevarlo, la tragedia puede ser casi fatal. Pero, si el celular anda en las últimas y sin remedio aparente, quizá Cristo Cell pueda hacer el milagrito... O, en su defecto, lo podrán ayudar a bien morir y, a su vez, dar la extrema unción.