All speech, written or spoken, is a dead language, until it finds a willing and prepared hearer. Robert Louis Stevenson, Reflections and Remarks on Human Life.
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Me lees a escondidas -como ahora- y agazapas tus sentires puros frente a mis palabras... Pues sabes que es inevitable no amarlas en tu alma.
Para Pablo J. Ruiz Abrín Contaré la anécdota tal cual, es decir, de la misma forma como me la han narrado hoy por la tarde. Dicen, cuentan, relatan que un famoso y reconocidísimo escritor español, el Sr. "X", se quedó profunda y placenteramente dormido en pleno estrado mientras otro escritor y amigo, el Sr. "Y", igualmente reconocido impartía una magistral e importantísima conferencia. Ante tal detalle, todos en el auditorio se quedaron perplejos y completamente asombrados. No podían creer que semejante hombre de letras, se hubiera quedado dormido durante la ponencia de unos de sus mejores amigos y sobre todo de uno de los escritores más importantes de ese entonces. Al terminar la conferencia, los aplausos se hicieron notar y ante tal ruido era obvio que "X" se tuvo que despertar, aunque hay que destacar que lo hizo disimuladamente. Sin embargo, ante lo evidente, siempre es muy difícil de escapar, así que nunca falta el desgraciado que quiere poner en evid...
(Foto de Gilmar Ayala ) Jordi no podía dormir a pesar del lapidario cansancio y la depresión asfixiante que sufría por la mala suerte. Cuatro meses y treinta días de caos no eran suficientes para que sus ojos se cerraran delicada y dulcemente. Aquella noche la situación se repetiría: J y el insomnio de la mano. Las luces radiantes –casi solares– de los vecinos plagaban la habitación del nostálgico y depresivo joven de 25 años. Sencillamente la luz por la noche le producía asco, náusea y un sonido metálico(permanente)incesante -casi ácido- y chillante en los oídos. Por dentro –y a manera de rezo– suplicaba e imploraba que apagarán las luces... Como era de esperarse, su dios estaba de vacaciones. Sencillamente la noche empató con el amanecer y las obscenas luces nunca desaparecieron. De mañana, cuando el día comenzaba a entibiar, Mercé , sin pedir permiso, entró al cuarto y prendió las luces –casi de neón–. Ella lucía espectacular y despampanante. Un metro setenta y cinco centímetros d...
Para Carlos A. Calderón Ledezma Ciudad de México. Al sur y al poniente de la ciudad: no tan -tan- al sur ni tan -tan- al poniente. Casi Insurgentes. Casi Barranca del Muerto. Casi Río Mixcoac. Casi Mediodía. Lunes casi al mediodía. Sin nubes. Sol a plomo. Plomo en el aire. Una aero-lámina-metálica de azufre y monóxido de carbono sobre la ciudad. El humo y los escapes parloteaban a destajo. El cofre de la camioneta era una sárten deseosa de freír un huevo. El motor era un caldera y de él humeaba un olor a aceite tostado, rancio y quemado. El calor comenzaba a ser cercano al primer círculo infernal. Las filas interminables de automóviles hacían que el destino de dos hermanos se encontrara a años luz o mejor dicho a horas-sudor, horas-nalga u horas-sauna... El padrino , cansado y harto de esperar al volante, apagó la camioneta. Abrió la puerta y, antes de poner un pie en el asfalto, dijo: "O escribes o matas de una vez por todas ese blog, cabrón". El xinet se quedó sin palabras...
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