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lectus

Ayer, por la tarde, mientras dormitábamos, nos dimos cuenta de lo mucho que echamos en falta nuestra cama.

alter | altĕra

«Je est un autre». Rimbaud Aquella noche me dijo: «Mientras pienso sobre mí, tú escribe sobre ti». Se pensó. Me escribí. Al poco tiempo, dejé de escribirme y empecé a escribirle; ella dejó de pensarse y comenzó a pensarme. Jugamos y –sin saberlo, tan sin querer, incrédulamente– nos difuminamos en el otro. Convivimos en la excelsa otredad: nos traspasábamos. No obstante, en aquel momento, no caímos en cuenta de que la aduana de la otredad era peligrosa… Entre más profundizábamos en el otro, parecía que nos alejábamos más. La realidad de descubrirnos era mucho más misteriosa de lo que llegamos a imaginarnos (escribirnos-pensarnos). No había marcha atrás. Al cruzar aquella frontera, uno –inexorablemente– se convierte en otro. Era demasiado tarde cuando lo supimos. No éramos el otro, sino otro. Muy poco tiempo después, nuestras miradas volvieron a cruzarse. Sonrió al verme y yo, a ella. También reímos, inocentemente y con un poco de nostalgia, porque recordamos que alguna vez fuim...

Singellus

Confieso, abiertamente, que hay muchas noches que echo en falta tu espalda pegada a mi pecho mientras dormías... ¿Por qué? Porque todo era extraordinariamente simple, bello y pacífico. También, sencillo; muchas tantas, incauto; además, ingenuamente delicioso; aún, natural; inclusive, espontáneo.  

Verum aut falsum

Mucho antes de que existiera el WhatsApp o el Telegram, por las noches, antes de dormir y durante el tiempo que duró el cortejo, Inma solía enviarle a Llibert un mensajito al móvil: un simple SMS. -¿Qué haces, guapo? La pregunta le parecía a Llibert curiosa  – y, en ocasiones, extrañamente incómoda – , pues no estaba acostumbrado a dar información sobre su cotidianidad y, mucho menos, a recibir mensajitos de una hermosa y entusiasmada chica a la medianoche. Ciertamente, la neblina aumenta con el frío y la humedad de la noche. Pese a la sorpresiva pregunta, Llibert no se petrificaba. Su hipotálamo era el que se despertaba y deleitaba con aquellas palabras y, entonces, se activaba un misterioso deseo cuando pensaba en ella (sí, un apetito por saberle: ¡descubrirle mediante el juego!). Llibert no se resistía ante esa suculenta sensación que le revoloteaba  – aleteaba – . Lo extraño era que, al responder el mensaje, él no reaccionaba con un ímpetu neardentálico. Por el co...

Besugos (seis) o de origen incierto

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-No me apetece oírlo. -Aquí estoy, pero no debí haber venido… -Quizá sea mejor oírlo más tarde que ahora. -Todavía es ahora; mañana es tarde. -Aquí estoy, de tarde, pero ahora. -Ahora, tardíamente, no me apetece decirlo. -Ya no entiendo. -Ni yo.

αἰών | aeon | invisibĭlis

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-Aquella vez no entendí lo que vi: me cegó su belleza. -Las mujeres hermosas son invisibles, pero, si las ves realmente, el eón te atrapa.