Peccātum
La playa. Suave brisa. El mar. Una ola, la siguiente. El rumor sensual del pacífico. Cielo despejado. Sol perfecto. Una revista. Dos cervezas bien frías. Un trago, el segundo. Refrescante. Cae la máscara. Libertad. La mente relajada. Ojos cerrados. Viaje nostálgico. Paseo por el recuerdo. Transgredir el presente. Palabras e imágenes en caos. Disonancia. Semántica perdida. Una tela negra. Todavía más obscura. Sueño. Sueño. Sueño. La hinchazón en la cara hace que mi conciencia vuelva -¿De dónde?, no lo sé, pero, vuelve-. Entreabro los ojos. Ahí está. Una linda y joven mujer juega con el mar y éste hábilmente la abraza y acaricia sin que ella se dé cuenta -como si fuera niña y el mar-niño (uno doctor; otro paciente) en un incipiente y lúdico actuar-. Quiero más libertad. Tercer y cuarto trago de cerveza. La máscara sigue cayendo -está por la arena-. Es -prácticamente- imposible alejar la vista de ella. Tierno rostro, cuerpo exacto -la geometría analítica comprobaría cualquier teoría en ta...