De abejitas y florecitas

(Foto de Eduardo "Edo" G. Tamayo)


No hubo resistencia ni fuerza; sólo, deseo y ternura. Simplemente ella entreabrió sus labios. Él la besó. Ella no se contuvo. Hace mucho tiempo que no besaban con esa pasión y entrega. Nadie quería detenerse. Los dos lo necesitaban. Se disfrutaban. De repente dentro de ellos empezó a circular una filigrana estúpida de conciencia. "¡Mi esposo!", ella. "¡Estoy casado!", él. Los pensamientos caóticos continuaron; los besos y las caricias, también. Sus labios se separaron para tomar un poco de aire. Se miraron profundamente a los ojos. En ese instante, cayeron -como telón- sólida y concretamente las principales razones y los justos motivos...

  • Curiosidad. ¿Cómo ama, sueña, vive, etc.? Quiero saber.
  • Aburrimiento. Estoy cansado del arroz, de los gritos, de los lloriqueos... La costumbre.
  • Vengaza. Dejó de estar, soñar y vivir conmigo.
  • Peligro. A nadie cae mal un poco de adrenalina.
  • Vanidad y orgullo. Me siento más joven, bell@, atractiv@.
  • Consejo. Me lo dijo mi mejor amigo.
  • Porque sí.

¿Bien o mal? No importa. Además, eso es sencillamente un asunto de la percepción. Ellos renacieron. Ella y él volvieron a sentir abejitas y florecitas. Regresó a sus corazones la esperanza. Suspiraron dos veces. No se dijeron nada. Ellos siguieron besándose...

Comentarios

¿Será verdadero amor? ¿Vale la pena? Si así es adelante, pero si no, los reclamos son inaceptables. El hombre busca el bien, sin embargo a veces canjeamos el bien mayor que generalmente es a largo plazo por uno menor e inmediato... La mayoría de las veces situaciones como esta son mera flaccides de la voluntad, casí.

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